Durante décadas, los hogares cubanos tuvieron una libreta de abastecimiento que permitía comprar arroz, azúcar, frijoles y aceite a precios subvencionados, porque los precios de mercado nunca eran una opción para un salario cubano.
La idea era cubrir las necesidades alimentarias familiares. Con los años, las cantidades se volvieron tan pequeñas que no alcanzaban para vivir. Había que conseguir la mayor parte de la comida por otros medios, escasos y poco convencionales.
Los productos faltaban o llegaban tarde, y la libreta perdió importancia cotidiana.
Me resulta irónico que se hable de eliminarla como una gran pérdida cuando casi nadie podía depender de esas raciones. La mayoría ya tenía que buscar comida por otro lado.
Queremos que desaparezca el sistema entero que la creó.
