Camagüey es la provincia donde nací, aunque no en la ciudad. Aun así, crecí conociendo los tinajones: enormes vasijas de barro que parecen demasiado grandes para caber en una casa.
Tenían una función práctica. Las familias los utilizaban para recoger y almacenar agua.
Camagüey creció con calles sinuosas, esquinas inesperadas y casas alrededor de patios. El tinajón formó parte de ese paisaje doméstico. Fue útil antes de resultar pintoresco.
Hoy se considera un símbolo de la ciudad. Los turistas se fotografían junto a ellos y los restaurantes los colocan en patios. Parecen decorativos, pero la idea original era sencilla: cuando el agua es valiosa, guardas mucha cerca.
Ese detalle cuenta más sobre la vida cubana antigua que una fachada colonial perfecta. La arquitectura también trata de lo que hubo que inventar cuando la vida se negaba a ser fácil.
Y sí, los camagüeyanos te explicaremos por qué tenemos los mejores tinajones de Cuba.
Somos gente muy modesta.
