El ajedrez ha sido muy querido en Cuba, en buena parte por José Raúl Capablanca.
Fue campeón mundial en 1921 y es recordado entre los grandes de la historia por su estilo aparentemente sencillo. Inspiró a generaciones y el juego se arraigó en escuelas, parques y espacios públicos.
De niño yo lo odiaba. En vez de dejarnos jugar y descubrirlo, querían que memorizáramos en un cuaderno los nombres de filas y columnas. La escuela resultaba tan aburrida como siempre.
En mi opinión, el sistema ha apagado el interés por muchas cosas, incluido el ajedrez. Ahora veo menos gente jugando que antes.
