Diez versos y bastante trabajo
Diez versos, un esquema de rima, una melodía y una idea que todavía tiene que entenderse. El punto cubano ya le pone bastante trabajo a un poeta antes de que alguien pida otra. 🎶 La décima puede ser aprendida o improvisada. Cuando sale en el momento, parte del gusto está en oír cómo la idea encuentra camino sin dejarse el argumento perdido por el séptimo verso.
La décima espinela clásica tiene diez versos octosílabos con la rima ABBAACCDDC. La guitarra, el laúd, el tres y la percusión menor pueden acompañar la tonada. En el punto libre, el fraseo musical es más libre que en el punto fijo. El poema mantiene su forma. Hay espacio para moverse, pero a las rimas no les han dado la tarde libre.
También llamado punto guajiro, tiene raíces profundas en el campo. En el occidente cubano, incluido Mayabeque, los guateques y las canturías llevan poesía a las reuniones familiares y comunitarias, entre comida, conversación y otras actividades. Se recuerdan versos anteriores y se abre espacio a nuevas voces. Un campo de sombreros y guitarras queda cómodo en una postal. Deja fuera a quienes están haciendo un trabajo bastante exigente con las palabras.
La UNESCO incorporó el punto a su lista en 2017. Los saberes pasan entre generaciones por imitación, y sus practicantes también imparten talleres en las Casas de Cultura. 📝 Una voz propia crece entre otras voces; improvisar también se aprende. La práctica sale del ámbito rural y, desde luego, no significa que cada cubano hable en décimas.
Diez versos ya son suficiente responsabilidad para quien tiene ahora mismo la canción.
