La pausa también se baila
El danzón no tiene problemas con dejar esperando a una pareja. Su forma tradicional incluye pausas coreografiadas y pasos elaborados: quedarse quieto no siempre significa que alguien olvidó lo que venía después. 🎶 Un hito famoso es el 1 de enero de 1879, cuando Miguel Faílde presentó Las alturas de Simpson en el Liceo de Matanzas. Antes hubo contradanzas y danzas. Hasta un estreno célebre necesita su pasado.
El sonido tampoco se quedó quieto. La primera orquesta típica combinaba vientos, cuerdas y percusión; la charanga posterior reunió flauta, violines, piano y contrabajo con güiro y timbales. Un clarinete y una flauta aguda sobre las cuerdas no cuentan una melodía con exactamente la misma voz.
Los músicos siguieron encontrando cosas que cambiar. En 1910, José Urfé incorporó ritmos del son a la sección final de El bombín de Barreto. En 1929 llegó Rompiendo la rutina, de Aniceto Díaz, con la forma vocal llamada danzonete. El título de un disco viejo puede guardar un experimento, no solo algo que bailaron los abuelos. El repertorio no pensaba quedarse sentado en su silla.
El danzón también encontró un hogar importante en México, con sus propios intérpretes y espacios de baile. En Cuba, reuniones comunitarias, clubes juveniles, talleres y festivales han mantenido la tradición en movimiento entre generaciones, acercando a bailadores experimentados y principiantes. 💃 Alguien tiene que organizar el encuentro, preparar la música y enseñar los pasos a quienes llegan.
El baile permite una pausa. Guardarles sitio a los próximos bailadores lleva un poco más de trabajo.
